Subir andando al Lago de Castiñeiras desde Marín: ¿merece la pena?

Lago de Castiñeiras desde Marín: cómo llegar y mi experiencia subiendo a pie

Marín es conocido por sus playas, su puerto y la Escuela Naval. Pero si miras hacia los montes que rodean la villa, hay otro lugar que lleva décadas formando parte de los recuerdos de muchas familias de la zona.

El Lago de Castiñeiras es artificial, fue creado en 1950 y se encuentra a unos 500 metros de altitud. Sin embargo, a su alrededor existen enterramientos prehistóricos construidos miles de años antes. Es un lugar relativamente nuevo rodeado de una historia muy antigua.

Y si estás pensando en visitarlo desde Marín, hay una pregunta que las fotografías bonitas no terminan de responder:

¿Merece la pena subir andando?

Yo fui a comprobarlo casi por accidente, una tarde en la que no quería quedarme en casa sin hacer nada.

Índice del artículo

Cómo acabé subiendo andando al Lago de Castiñeiras

La historia empezó porque eran más de las cuatro de la tarde y no tenía ningún plan.

Podía quedarme en casa mirando el móvil, cambiar de aplicación cada veinte segundos y convencerme de que estaba descansando.

O podía salir a dar un paseito.

A las 16:35 cogí algo para comer, metí un zumo en la mochila y decidí subir andando desde Marín hasta el Lago de Castiñeiras.

Había visitado el lago muchas veces de pequeño con mis padres, por lo que en mi cabeza continuaba siendo uno de esos lugares que están «aquí al lado».

Y estar, está. El problema es que está bastante arriba.

No había estudiado demasiado el desnivel ni preparado una ruta exacta. Sabía más o menos hacia dónde tenía que caminar y confiaba en que el resto se solucionaría sobre la marcha.

La confianza es muy bonita durante los primeros diez minutos.

La subida desde Marín y los puentes abandonados

El camino me llevó entre 45 minutos y una hora, casi siempre cuesta arriba.

No es una ruta técnicamente complicada. No hay que trepar, cruzar ríos ni llevar material especial. El problema es mucho más sencillo: la pendiente se mantiene durante buena parte del recorrido.

Al principio iba bastante bien, caminaba entretenido, con energía y pensando que hacer algo de ejercicio me vendría genial.

Después empezó a costarme hablar conmigo mismo, y cuando uno deja de mantener conversaciones mentales porque necesita utilizar todo el aire disponible para respirar, suele ser una señal bastante clara.

Fui parando cuando lo necesitaba. No tenía prisa ni quería convertir una salida improvisada en una competición contra una montaña que ni siquiera sabía que estaba compitiendo conmigo.

Durante la subida llegué a una zona con unos puentes o estructuras abandonadas.

No he encontrado información oficial que explique su origen y tampoco recuerdo suficiente del lugar como para identificarlo con seguridad. Por eso no voy a inventarme una historia sobre antiguas vías ferroviarias, minas secretas o soldados transportando material por el monte.

Para mí fueron simplemente los puentes abandonados donde me senté a descansar.

Bebí algo, recuperé el aliento y miré el camino que todavía quedaba por delante.

En ese momento podía regresar a Marín y fingir que solo había salido a estirar las piernas.

Seguí subiendo.

Volver al lago al que iba de pequeño

Llegué al entorno del lago aproximadamente a las 17:20.

Llegué cansado, no al nivel de necesitar una evacuación en helicóptero, pero sí lo suficiente como para pensar que quizá debía haber leído algo sobre el desnivel antes de salir de casa.

Entonces vi el agua entre los árboles.

Hacía mucho tiempo que no regresaba a Castiñeiras. De pequeño había ido varias veces con mis padres y conservaba recuerdos sueltos: las mesas, el bosque, los caminos y la sensación de estar en un lugar enorme.

Cuando eres pequeño, Castiñeiras parece infinito.

Los árboles son más altos, los senderos más largos y alejarte unos metros de tus padres parece una expedición a un territorio desconocido.

Volver de adulto fue extraño. Reconocía el lugar, pero no todos sus detalles. Había caminos que me resultaban familiares y rincones que no recordaba en absoluto.

El lago parecía más pequeño, o quizá era yo quien había crecido demasiado.

Ahora estaba pendiente de la hora, de la batería del teléfono y de cuánto tardaría en bajar antes de que anocheciese.

Crecer es una estafa bastante bien organizada.

Cómo es el Lago de Castiñeiras

Aunque parece una laguna completamente natural, el Lago de Castiñeiras fue creado artificialmente en 1950 y se encuentra en el entorno del monte de Cotorredondo, entre los municipios de Marín y Vilaboa.

Con el paso de las décadas, el agua y el bosque han terminado encajando tan bien que cuesta imaginar el paisaje sin el lago.

En sus alrededores hay robles americanos, abedules, eucaliptos, acacias negras y castaños. De hecho, Turismo Rías Baixas relaciona el nombre de Castiñeiras con la presencia de estos últimos.

También es un espacio donde abundan las aves, especialmente las relacionadas con el agua, además de peces como las truchas.

Pero para disfrutarlo no necesitas reconocer cada especie ni saber distinguir un abedul de un árbol que simplemente te parece bonito.

Puedes caminar junto al agua, sentarte a comer, recorrer los senderos del bosque o pasar varias horas sin hacer demasiado.

Ese es uno de sus puntos fuertes.

Castiñeiras no te obliga a seguir una lista de cosas imprescindibles. Puedes llegar, caminar un poco y dejar que el plan aparezca sobre la marcha.

Aunque conviene no confiar demasiado en esta filosofía cuando empiezas a tomar senderos desconocidos.

Qué ver alrededor del Lago de Castiñeiras

La primera vuelta junto al agua

Después de recuperar el aliento, empecé a caminar alrededor del lago.

El recorrido junto al agua es sencillo y bastante agradable. Hay zonas abiertas, caminos rodeados de árboles y espacios donde puedes detenerte sin bloquear el paso de nadie.

También había algunas familias, personas paseando y gente que había ido únicamente a sentarse.

Eso me gustó, no todo el mundo parecía estar intentando completar una ruta, registrar kilómetros o conseguir una fotografía concreta. Algunos simplemente estaban pasando la tarde.

Yo comencé siguiendo el camino cercano al agua y desviándome cuando encontraba algo que me llamaba la atención.

No llevaba una ruta grabada ni un plan especialmente estricto.

Esto hizo que la tarde fuese más entretenida.

También hizo que me perdiese después.

Comer en el Mirador da Ría de Marín

Mi primera parada larga fue en el Mirador da Ría de Marín.

Desde allí podía contemplar la ría y parte del paisaje que acababa de dejar abajo. Había árboles alrededor, sombra y un lugar donde sentarme tranquilamente.

Saqué la comida de la mochila y paré un rato.

Después de subir andando desde Marín me supo genial, hay momentos en los que importa bastante poco qué estás comiendo. Lo importante es poder sentarte, descansar las piernas y mirar desde arriba el lugar del que acabas de salir.

Además, desde allí todo parecía bastante cercano.

Marín estaba abajo, la ría seguía en su sitio y mi casa tampoco debía de estar tan lejos.

Mis piernas no compartían esta visión optimista de la distancia.

Me quedé un rato comiendo, respirando y disfrutando del silencio. Y después de casi una hora subiendo, aquello se sentía como un lujo.

Un lugar con vistas en lo alto del bosque

Después de comer volví a caminar por los senderos interiores.

En uno de ellos encontré una salida hacia una zona más alta, con varias piedras donde podía sentarme y unas vistas muy buenas sobre el paisaje.

No sé exactamente dónde estaba.

Tampoco he encontrado un nombre oficial para ese punto y, siendo sincero, en aquel momento yo no tenía ni idea de donde estaba.

Por eso no voy a convertirlo en un mirador oficial ni a ponerle un nombre para que el artículo parezca más completo.

Era solo un lugar alto dentro del bosque.

Me senté sobre una de las piedras, saqué el zumo de la mochila y descansé.

Después de todo lo que había caminado, aquel zumo me supo como si acabase de terminar una etapa del Camino de Santiago.

Llevaba menos de dos horas fuera de casa.

Desde allí se veía el paisaje entre los árboles y no parecía haber demasiada gente cerca.

No había bancos, carteles ni una plataforma construida para indicar que aquel era un sitio donde debía parar.

Pero las piedras eran cómodas, las vistas estaban genial y yo tampoco necesitaba mucho más.

A veces un mirador es una infraestructura con paneles, barandillas y un nombre oficial.

Otras veces es una piedra donde te sientas porque ya no quieres seguir de pie.

El antiguo campo de tiro

Después del segundo descanso continué caminando y pasé por la zona del antiguo campo de tiro.

No se trata actualmente de un campo de tiro en funcionamiento.

El Concello de Marín lleva años planteando la recuperación de este espacio para alejar los vehículos del entorno inmediato del lago y convertir la antigua explanada en un aparcamiento disuasorio. El proyecto municipal contemplaba 128 plazas.

La actualización oficial más reciente que he encontrado es del 21 de mayo de 2026. En ella, el Concello explicaba que se estaban realizando trabajos junto al antiguo campo de tiro para recuperar el mirador, mejorar el acceso y acondicionar la explanada como zona de estacionamiento. También se preveía colocar mesas, bancos y un columpio de madera.

Es decir, no esperes encontrar una instalación deportiva activa ni una visita histórica preparada con paneles.

Es un espacio antiguo que está siendo transformado para integrarse en el entorno recreativo de Castiñeiras.

Yo pasé por allí, miré un poco alrededor y continué caminando.

Todavía no sabía que el siguiente tramo iba a durar más de lo previsto.

Las mámoas y la historia anterior al lago

Aunque yo no organicé la excursión como una ruta arqueológica, el entorno de Castiñeiras tiene una historia mucho más antigua que el propio lago.

Cerca se encuentra el conjunto megalítico de Chan de Castiñeiras, considerado por Marín Turismo como uno de los conjuntos de mámoas más importantes de Galicia.

Las mámoas son estructuras funerarias construidas durante el Neolítico y el Calcolítico. Entre ellas destaca la Mámoa do Rei, un dolmen conocido por sus dimensiones y su buen estado de conservación.

También existe cerca el Menhir de Currás, una pieza de unos 4.500 años de antigüedad y más de nueve toneladas, según la información turística municipal.

Me parece curioso que el lago se crease en el siglo XX, pero que el monte ya fuese importante para las personas miles de años antes.

Yo subí porque estaba aburrido una tarde.

Ellos construyeron monumentos funerarios.

Cada época tiene sus planes.

Si quieres visitar estos restos, merece la pena preparar una ruta específica y comprobar su ubicación antes de salir. No todos se encuentran junto al camino inmediato que rodea el lago.

Y, por supuesto, no hay que subirse a las mámoas, mover piedras ni tratar los restos arqueológicos como mobiliario de pícnic.

Cómo me perdí durante veinte minutos

Después de pasar por la zona del antiguo campo de tiro continué caminando por el bosque.

Todo iba bastante bien.

Había recorrido buena parte del entorno, había comido, descansado y todavía tenía tiempo antes de regresar.

Entonces elegí un sendero equivocado.

Al principio no me preocupé.

Parecía uno de esos caminos que terminan conectando de nuevo con la ruta principal. Caminé durante unos minutos convencido de que en cualquier momento volvería a ver el lago.

No lo vi.

Seguí avanzando.

El sendero se estrechaba, los árboles empezaban a parecer todos exactamente iguales y yo mantenía esa confianza absurda de quien no sabe dónde está, pero piensa que reconocer el problema sería hacerlo oficial.

Después de un rato acepté la realidad.

No tenía ni idea de dónde estaba.

Estuve perdido aproximadamente veinte minutos.

No fue una situación peligrosa. Todavía había luz, tenía teléfono y podía volver sobre mis pasos.

Pero sí fue suficiente para empezar a mirar cada cruce como si estuviese tomando una decisión que afectaría al futuro de mi familia.

Consulté el mapa, retrocedí y terminé encontrando otra vez un camino conocido.

El bosque de Castiñeiras no es una selva imposible, pero tiene bastantes senderos y desviaciones. Cuando te alejas del agua, algunas zonas se parecen mucho entre sí.

Árbol.

Camino.

Otro árbol.

Otro camino que parece el correcto.

Mi consejo es descargar el mapa antes de empezar y no depender únicamente de la cobertura.

La intuición está muy bien para elegir un postre.

Para orientarse en el bosque tiene algunas limitaciones.

Terminar la vuelta al lago

Cuando recuperé el camino correcto, completé la vuelta al lago.

La tarde empezaba a caer y había menos gente que al llegar. Caminé cerca del agua, paré varias veces y aproveché los últimos minutos antes de iniciar el regreso.

Fue entonces cuando más recordé las visitas de pequeño.

No porque hubiese ocurrido nada especial.

Simplemente volvía a estar allí.

A veces creemos que recordamos perfectamente los lugares de nuestra infancia, pero en realidad conservamos sensaciones: el olor de los árboles, una mesa donde comíamos, un camino que parecía larguísimo o la forma en que nuestros padres sabían siempre por dónde regresar.

Yo ahora estaba solo, mirando el reloj y comprobando el mapa para no volver a perderme.

El lugar seguía allí.

Pero yo ya no lo visitaba de la misma manera.

Regresar andando desde Castiñeiras a Marín

A las 20:50 empecé el regreso.

La bajada fue muchísimo más sencilla.

Después de pasar la tarde luchando contra la pendiente, caminar hacia Marín parecía casi relajante. Avanzaba rápido y todavía quedaba algo de luz.

La gravedad, que durante la subida había trabajado claramente en mi contra, decidió por fin colaborar.

Llegué a casa aproximadamente a las 21:30.

En total había estado fuera unas cuatro horas y cincuenta y cinco minutos, contando la subida, los descansos, la comida, el recorrido alrededor del lago y mis veinte minutos de explorador involuntario.

Llegué cansado, con las piernas cargadas y bastante contento de no haberme quedado en casa.

También llegué con una decisión clara.

La próxima vez intentaría subir en autobús.

Cómo llegar al Lago de Castiñeiras desde Marín

Cómo llegar andando

Se puede subir completamente a pie desde el centro de Marín.

En mi caso tardé entre 45 minutos y una hora, dependiendo de cómo se cuenten los descansos y del punto exacto en el que consideres que has llegado al entorno del lago.

No registré la ruta con GPS, así que prefiero no dar una distancia inventada.

La dificultad principal está en el desnivel. Buena parte del recorrido es cuesta arriba y puede hacerse duro si no caminas habitualmente, llevas demasiado peso o hace mucho calor.

La bajada fue bastante más rápida. Desde que salí de Castiñeiras hasta que llegué a casa pasaron unos cuarenta minutos.

Cómo llegar en coche

Se puede acceder en coche hasta el entorno de Castiñeiras.

Es la opción más cómoda si vas con niños, quieres llevar comida para pasar el día o prefieres guardar las fuerzas para recorrer los senderos del parque.

El espacio está inmerso en distintos proyectos de mejora y reorganización de los accesos y aparcamientos, por lo que la distribución puede ir cambiando a medida que avanzan las obras municipales.

Cómo llegar en autobús

No he encontrado una línea regular que deje directamente junto al lago.

La alternativa oficial es utilizar alguno de los servicios que conectan el centro de Marín con el aparcamiento de O Campo y completar desde allí el resto del recorrido a pie.

La Xunta puso en marcha cuatro servicios diarios entre el casco urbano y O Campo en diciembre de 2024, con recorridos por Castro y por Allariz.

Los horarios y calendarios pueden cambiar, y algunas líneas del transporte rural funcionan bajo demanda. Lo mejor es consultar el planificador de Transporte Público de Galicia el mismo día de la excursión.

Mi combinación recomendada sería:

subir en autobús hasta O Campo, continuar caminando hasta Castiñeiras y regresar a pie hasta Marín.

No elimina toda la caminata, pero reduce la parte más dura de la subida.

Consejos para visitar el Lago de Castiñeiras

No subestimes la pendiente

Castiñeiras está cerca de Marín, pero cerca no significa llano.

La subida se nota bastante, especialmente si no caminas habitualmente. Ve a un ritmo cómodo y descansa antes de quedarte completamente sin fuerzas.

No hay ningún premio por llegar cinco minutos antes respirando como una locomotora.

Lleva agua y algo para comer

Aunque el entorno cuenta con áreas recreativas, no dependería de encontrar siempre abierto un establecimiento.

Lleva agua suficiente, algo sencillo para comer y una bebida adicional.

Mi zumo tuvo un protagonismo mucho mayor del que imaginaba cuando lo guardé en la mochila.

Descarga el mapa

Los caminos próximos al lago son fáciles de seguir, pero dentro del bosque aparecen desvíos y senderos secundarios.

Descarga el mapa para utilizarlo sin conexión, carga bien el teléfono y, si puedes, lleva una batería externa.

Perderse veinte minutos no es una tragedia.

Perderse veinte minutos cuando está anocheciendo resulta bastante menos gracioso.

Calcula las horas de luz

Yo salí a las 16:35 y regresé a las 21:30 en una época con suficientes horas de luz.

No repetiría ese horario en pleno invierno.

Empieza antes si quieres recorrer el bosque, acercarte a los restos arqueológicos o detenerte a comer con calma.

Lleva calzado adecuado

No necesitas botas técnicas para rodear el lago, pero sí unas zapatillas cómodas y con buena suela.

Algunos senderos pueden tener tierra, piedras, barro o raíces, especialmente después de varios días de lluvia.

Respeta el entorno

No dejes basura, no molestes a los animales y no te subas a las estructuras arqueológicas.

Castiñeiras es una zona recreativa, pero también es un espacio natural y patrimonial.

Y aunque parezca el escenario perfecto para abandonar una servilleta porque «ya la recogerá alguien», ese alguien no debería existir.

Ficha técnica e información útil

  • Ubicación: monte de Cotorredondo, en el entorno compartido por Marín y Vilaboa, provincia de Pontevedra.
  • Tipo de plan: paseo por el lago, senderos de bosque, miradores, naturaleza y patrimonio arqueológico.
  • Origen del lago: artificial, creado en 1950.
  • Altitud del entorno: aproximadamente 500 metros.
  • Hora de salida: 16:35.
  • Llegada aproximada: 17:20.
  • Inicio del regreso: 20:50.
  • Llegada a casa: aproximadamente 21:30.
  • Duración total de mi experiencia: unas 4 horas y 55 minutos, incluyendo descansos, comida, recorrido por el lago y veinte minutos perdido.
  • Tiempo de subida desde Marín: entre 45 minutos y una hora.
  • Tiempo de bajada: aproximadamente 40 minutos.
  • Dificultad: media-baja si subes completamente andando desde Marín. Baja o media para pasear únicamente por el entorno del lago, dependiendo de los senderos elegidos.
  • Distancia: no registrada. Cambia según el punto de salida, los desvíos y los caminos recorridos dentro del bosque.
  • Coste: acceso gratuito. Solo debes contar la comida, la bebida y el transporte, si lo utilizas.
  • Transporte público: servicios desde Marín hasta O Campo. No llegan directamente al lago y es necesario completar el trayecto andando. Consulta siempre los horarios oficiales antes de salir.
  • Aparcamiento: acceso posible en coche. El antiguo campo de tiro está integrado en un proyecto para crear y mejorar zonas de estacionamiento.
  • Mejor época: primavera, verano y principios de otoño. En invierno conviene comenzar mucho antes por las horas de luz.
  • Tiempo recomendado: entre tres y cinco horas para caminar, comer y recorrer el entorno sin prisas.
  • Ideal para: personas de Marín o Pontevedra que busquen un plan de naturaleza, familias que lleguen en coche, parejas, grupos de amigos o cualquiera que necesite alejarse unas horas de las pantallas.
  • Qué llevar: agua, comida, calzado cómodo, móvil cargado, mapa descargado, una prenda ligera y linterna si existe la posibilidad de regresar tarde.

¿Merece la pena subir andando desde Marín?

Sí, pero sabiendo a qué vas.

Si te gusta caminar, quieres hacer ejercicio y tienes varias horas disponibles, subir desde Marín convierte la visita en una excursión completa.

La llegada también se siente diferente después de pasar casi una hora ganando altura. Ver el agua entre los árboles tiene bastante más mérito cuando tus piernas llevan un rato negociando la rendición.

Pero no recomendaría la subida completa a todo el mundo.

Si tu objetivo principal es rodear el lago, explorar los senderos, acercarte a las mámoas y pasar una tarde tranquila, puedes llegar ya bastante cansado.

Por eso, la próxima vez intentaría subir en autobús hasta O Campo y regresar andando.

La bajada fue agradable, rápida y me permitió terminar el día caminando sin gastar todas las fuerzas antes de llegar a lo interesante.

Conclusión Omar 🙂

Salí de casa porque no quería pasar la tarde sin hacer nada.

No tenía una ruta perfectamente preparada y tampoco esperaba encontrar una gran historia a pocos kilómetros de donde vivo.

Solo quería caminar.

Pero terminé regresando a un lugar al que había ido muchas veces con mis padres, aunque esta vez lo recorrí de una forma completamente distinta.

De pequeño no necesitaba saber cómo llegar, cuánto se tardaba o a qué hora debía volver. Mis padres se ocupaban de eso y yo simplemente caminaba alrededor del lago pensando que el bosque no terminaba nunca.

Esta vez fui yo quien tuvo que encontrar el camino.

Y ni siquiera lo conseguí durante veinte minutos.

Creo que esa fue la parte importante del día.

Volver a un lugar de la infancia no sirve para recuperar exactamente lo que viviste allí. No puedes mirar el mismo lago con los mismos ojos, porque tú ya no eres la misma persona que lo visitó entonces.

Pero sí puedes crear un recuerdo nuevo sin borrar el anterior.

Ahora Castiñeiras ya no es solo el sitio al que iba con mis padres.

También es el lugar al que subí solo una tarde, donde comí mirando la ría, descansé sobre unas piedras, me perdí en el bosque y regresé a casa cuando empezaba a caer la noche.

Quizá viajar no consiste siempre en descubrir lugares.

A veces consiste en regresar a ellos y darles una segunda vida.

Eso sí, la próxima segunda vida empezará en un autobús.

Porque elegir el camino más duro no siempre hace que la experiencia sea mejor.

A veces viajar bien también consiste en saber dónde merece la pena gastar las fuerzas.

Omar Tissir

Omar Tissir

Soy Omar, consultor SEO de lunes a viernes y viajero siempre que puedo. En Off nació porque necesitaba un lugar donde contar los viajes completos, con sus aciertos, sus dudas y todo lo que pasa entre el punto de partida y la vuelta a casa. Porque al final, un viaje nunca se recuerda solo por el destino, sino por la historia que te llevas de él.

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